Mis labios esperan un encuentro ligero con los tuyos. Es lo más seguro, te soñé otra vez.
Caíste en brazos de Morfeo, luego de haber caído en los míos y cumplimos el éxtasis sin mesura; donde no fue sólo cuerpo a cuerpo, también hubo entrelazamiento de almas, paralelo a como estaban nuestras piernas. Amarradas unas a otras sin quererse dejar ir. Así fue, nos amamos, nos desgastamos otro poco, más aun ahorramos en el banco del corazón para la vejez fría y desalmada.
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