jueves, 26 de noviembre de 2015

Cómo desligar tu ausencia tan notoria de mi diario vivir. Necesito que me ayudes, tal vez, regresando.
Tengo los ojos húmedos. Más que tu sequedad en el corazón.
Veintiséis. Más que tal número te he pensado y he deseado tener tu cuerpo rodeado de letras junto a mí, por qué en el habla no sé decirte tanto, las letras son lo mío -para expresar lo inexpresable-.
Hoy tengo ganas de perderme entre el cielo y tu mirada, entre mi canto y tus caricias, pero sólo tengo el cielo, y mi voz.
Con la tonalidad de las mil Lunas que veo cuando no te tengo, pinto tu rostro cerca al mío, trazo tu figura en el va y ven de mi dichoso recuerdo; en el periquete perdido, cuando tú olvidas que aún resido aquí, entre tus ganas y tus miedos, entre tu aroma y tu piel, entre tú y yo.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Bastó una simple insinuación, para repoblar estas ganas. Mientras yo echaba una parrafada, no desistió de examinar el movimiento dulce con el que le discurseaba mi vida, recordando que sostuve su vaporosa presencia durante un cuantioso lapso. Me tanteaba el capricho de acercarme una vez más a sus carnosos labios, tan frágiles, tan suaves, tan exquisitos. No, no pude anular el deseo.
En los lagrimales se me han calado recuerdos que encienden un poco las ganas de más.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Plastifiqué tu adiós para no regresar tanto.
Guardo tu miedo entre mis dedos.
Le anexo sabor a lo intocable.
Me bebo el dolor de lo inexplicable.
De la tragedia extraigo el olor;
para recordar que allí no debo pisar más.
Respiro el color de tus ojos marrones.
Acaricio la risa que brota sin moti-VOS.
Sí. A veces sin vos.
Quizá sólo conmigo.
O con nadie.
Sin ninguna.
Vos.

Como la mancha que queda luego de beberse todo el café;

asiento amargo pero exquisito.
Me llenaron las pupilas de recuerdos indomables...
Es como Flor de Loto, se posa en el transitar de la vida; regenera.
Poco a poco su belleza externa se acaba,
ingiriendo todo lo que exhibe para embellecer su alma.
Muere con el pasar de los días, pero su muerte es sólo terrenal;
es tan fuerte su esencia, que de ese marchito centro,
revive, crea, pinta y traza nueva vida.