Es como Flor de Loto, se posa en el transitar de la vida; regenera.
Poco a poco su belleza externa se acaba,
ingiriendo todo lo que exhibe para embellecer su alma.
Muere con el pasar de los días, pero su muerte es sólo terrenal;
es tan fuerte su esencia, que de ese marchito centro,
revive, crea, pinta y traza nueva vida.
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